Opinando, a mi aire, sobre esta moción de censura

La próxima moción de censura contra Sánchez tiene suficientes complejidades como para que se hayan pronunciado con posturas muy diferentes carismáticos líderes del partido que es mayoritario hoy en la derecha.

Y es que esta moción de censura, como cualquier movimiento político calculado por cualquier organización, se enmarca en una estrategia partidista que no busca un único efecto, sino varios, y de ahí surgen las múltiples reacciones que suscita.

Para quien aún no lo sepa, no estoy afiliado en la actualidad a ningún partido político ni tan siquiera, lamentablemente, me siento representado o identificado al cien por cien con ninguno. Desde esta independencia apartidista me manifiesto, tengo mi opinión sobre las estrategias de cada cual pero por el momento me abstengo de criticar a los partidos que se oponen al proyecto dictatorial de Sánchez.

Volviendo a la moción de censura, personalmente votaría que sí en el caso de que yo fuese diputado, que lamentablemente no lo soy. Y votaría que sí por algo tan sencillo como que veo positivo aprovechar cualquier oportunidad de expresar el rechazo al aprendiz de dictador que es Sánchez, apuntalado por este gobierno socialcomunista respaldado por el peor frente popular que ha conocido España.

Soy consciente de que la correlación de fuerzas actual en el Congreso de los Diputados no abre siquiera una mínima posibilidad de que triunfe esta moción de censura y mande a Sánchez a hacer puñetas. Pero también es cierto que puede abrir unas, quizá al principio insignificantes, grietas que desgasten su precario equilibrio de alianzas.

El señor Aznar, a quien respeto mucho, considera que esta moción refuerza a Sánchez, lo que en mi opinión puede o no suceder, pero a la vez considera que esta moción está dirigida contra su partido, el PP, y por eso llama a votar NO.

Mi muy estimada doña Cayetana Álvarez de Toledo, comparte los anteriores argumentos pero a la vez marca distancias para que no se pueda interpretar su NO como un apoyo a Sánchez, y por ello se decanta por la abstención. En sus propias palabras ni Sánchez ni Abascal.

Y luego está mi no menos admirada doña Esperanza Aguirre que ha afirmado que el pueblo español no entendería que no se apoyase esta moción de censura porque «no hay Gobierno más censurable en todo el mundo que el de Pedro Sánchez». Yo también lo creo así.

Miren ustedes, es verdad que esta moción de censura, además de cargar contra Sánchez, ha sido un movimiento de ajedrez de Vox para avanzar en su intento de dar el sorpasso al PP y convertirse en la fuerza hegemónica de la derecha española. Vox, como partido, tiene todo el derecho a ello y lo ha jugado con decisión.

Es verdad que el PP, consciente de la jugada, no quiere entrar al trapo de que otra fuerza política condicione sus acciones y mucho menos dar la impresión de que va a remolque de Abascal, que es en la situación que le han puesto.

La cuestión es que tal y como está regulada la moción de censura que tenemos en España no se trata de votar exclusivamente en contra de (Sánchez en este caso) sino también a favor de (Abascal es el candidato propuesto).

Como la señora Aguirre, yo apoyo esta moción porque Sánchez se la merece, hay motivos de sobra y considero que planteadas así la cosas, prima censurar alto y claro a Sánchez. Y para mí eso es todo, personalmente no tengo en cuenta el posible rédito que, como partido, pueda o no sacar Vox de esta operación.

Por la lógica interna de cada partido comprendo tanto que Vox quiera sacar beneficios progresando a costa del PP, a la vez que también entiendo que el PP se niegue a colaborar en esta moción que considera que también va en su propia contra.

¿Se debería haber planteado esta moción de otra manera? ¿Por qué hemos llegado a este punto? ¿De quien es la culpa de la división de la derecha? Preguntas, debates, dudas… el caso es que estamos en el punto en el que estamos y no hay vuelta atrás. La fecha del debate y la votación ya están ahí.

Personalmente espero que Sánchez salga lo más escaldado posible esta semana y, en lo poco o mucho que esté en mi mano, me dedicaré estos días a utilizar esta moción para desgastarle un poco más. Como siempre.

Hoy por hoy, considero imperioso hacer cuanto esté en la mano de cada cual para conseguir que esta legislatura acabe cuanto antes, por el bien de España y de quienes en ella vivimos.

Salud y Libertad ;-)

¿Nunca hubo un 8 de marzo?

Tenía otro título también para este artículo, “No hemos aprendido nada”.

En España parece que la ideología, venga de donde venga, dicta nuestros criterios sobre cualquier cuestión. Ayer los feministas retrasaron la respuesta a la epidemia hasta después del 8 de marzo, celebrada su manifestación esa misma noche, oportunamente “cambió el escenario” como dijo el ministro de Sanidad. Hoy, desde tendencias ideológicas contrarias se rechaza el uso obligatorio de la mascarilla que, al parecer, amenaza no se sabe qué sacrosanta “libertad” (debe ser la libertad de contagio, en mi opinión).

Los mismos argumentos con que el gobierno, por boca de Illa y Simón, ha venido esquivando implantar el uso obligatorio de la mascarilla ahora son defendidos a capa y espada por individuos situados en las antípodas ideológicas del gobierno.

  • Inciso: el Gobierno de Sánchez e Iglesias, haciendo gala de su habitual irresponsabilidad, ha pasado la patata caliente de la mascarilla a las Comunidades para que sean quienes carguen con el coste político de obligar al impopular uso de la mascarilla.

Desde febrero he venido criticando al gobierno por su ninguneo de la gravedad de la epidemia. Desde el “sólo es una gripe” hasta “los pocos casos que hay” minimizaban la magnitud del Covid19 ignorando ¿a propósito? que cuando una epidemia ya es visible por haberse propagado es demasiado tarde.

Hoy leo con tristeza en sectores contrarios a la mascarilla el mismo argumento de que (todavía) hay pocos muertos e ingresados en España. Parece que se necesita de nuevo una bofetada de realidad en forma de cifras abultadas para darse cuenta de que no se trata de que venga el lobo, sino que el lobo todavía sigue aquí. ¿No hemos aprendido nada aún?

Cierto que obligar al uso de la mascarilla no es la única medida, aunque es la más visible y, por tanto, también la más pedagógica. Porque en situaciones extremas y novedosas como la que estamos viviendo la responsabilidad individual debe ir acompañada por la necesaria información por parte de las autoridades, urgente asignatura pendiente hoy por hoy en toda España.

Hay más medidas a tomar, claro está. Mayor número de pruebas para conocer la propagación real del virus, control estricto de nuestras fronteras y del estado de salud de quienes entran en España, limitación de eventos masivos

Curiosamente, el gobierno socialcomunista fue el primero en apelar a la responsabilidad individual de los ciudadanos. La izquierda que pretende dictarnos cómo vivir, cómo hablar, cómo pensar, cómo sentir, cómo relacionarnos… nos paso el muerto (en este caso triste y literalmente) a la ciudadanía, avivando la fractura social, la denuncia de actitudes insolidarias… y ahí siguen, enfrentando a quienes llevan mascarilla con quienes no la llevan. Ese divide y vencerás que sirve de abono para que la izquierda crezca.

Mi defensa de la Libertad individual está lejos de la inmadurez de pensar que puedo hacer lo que me dé la real gana sin que haya consecuencias. No se me ocurre reclamar mi libertad de ir por la calle metiendo el dedo en los ojos a las personas o escupiéndolas.

Creo necesario aumentar la conciencia ciudadana de una prevención responsable, y que las autoridades apliquen estrictos criterios más eficaces. En mi opinión la Comunidad de Madrid debería implantar el uso obligatorio de la mascarilla ya, exigiendo a la vez al Gobierno central un mayor control del Aeropuerto de Barajas. Ambas medidas a la vez, y no alternativas cómo se ha planteado.

Mientras tanto y siendo consciente de que vivimos en una sociedad infantilizada, donde el complejo de Peter Pan corre parejo a la negligente ambición política de las autoridades en general, continuaré adoptando individualmente todas las medidas posibles para protegerme y proteger a los míos, y a la vez seguir viviendo con la mayor Libertad posible, saliendo, entrando, viajando, disfrutando…

La mascarilla nos ayuda a ser más libres ;-)

@WinSmith1984_

Políticos decepcionantes

“Dicen que la política es la segunda profesión más antigua. Me estoy dando cuenta de que cada vez se parece más a la primera” (Ronald Reagan)

Sé que la democracia no es perfecta pero sigo considerándola el menos malo de los sistemas para articular nuestra convivencia. Considero la política y los políticos males inevitables y por eso creo deseable limitar al máximo su actuación y su intromisión en la esfera privada de los individuos.

Por todo ello tengo un instintivo rechazo a confiar en los políticos, pese a lo cual en esta ocasión han conseguido decepcionarme.

Usted ya sabe mi opinión sobre el Ingreso Mínimo Vital si ha leído el artículo que está publicado en este blog o mis tweets al respecto. Me parece esta paguita una perversión del sistema (innecesaria puesto que ya existía previamente un amplio entramado de protección social) que no solo promueve el clientelismo político sino que, peor aún, en mi opinión propaga valores decadentes como la falta de ambición, la resignación y el inmovilismo.

Este sistema aprobado en nuestro Congreso sin ningún voto en contra, más allá de su utilización clientelar por la izquierda, lo veo contrario a los valores de Libertad, responsabilidad individual, sana ambición y esfuerzo personal para la creación de riqueza.

Repito, ya existían anteriormente múltiples prestaciones, subsidios y similares para dar la necesaria protección social cuando se daban las situaciones requeridas.

Pero han podido más en todas las fuerzas presentes en nuestro parlamento los dos grandes vicios y perversiones de la democracia: el clientelismo y el populismo. Nadie ha querido despegarse de un numeroso colectivo que ya echa las cuentas de la lechera con la famosa paguita porque, a fin de cuentas, un voto es un voto que no hay que dar por perdido, que anda la cosa muy reñida.

Las diversas justificaciones de estrategia política, de no ceder terreno clientelar a los partidos de izquierda, y blablablá blablablá, desde el respeto a quienes las esgrimen, a mí particularmente no me convencen pese a que no soy de los puristas que defienden el todo o nada, ni ignoro que en la política hay que tragarse más de un sapo.

Ahora bien, considero necesaria una guerra cultural sin cuartel para la pervivencia de nuestro modo de vida y nuestra civilización occidental, la mejor que existe por el razonable grado de Libertad individual y prosperidad económica que ofrece frente al resto de los sistemas.

En esta guerra cultural considero vital no contemporizar con determinados valores “políticamente correctos” del discurso buenista con el que la izquierda gana terreno a pasos agigantados. El Ingreso Mínimo Vital es uno de ellos, nadie en el Congreso ha sido capaz de enfrentarse votando NO sin complejos. Para mí dice muy poco de nuestra oposición parlamentaria, en la que, sin embargo, se encuentran personas que valoro muy positivamente.

Por coherencia hoy deseaba compartir con ustedes mi decepción por todo este asunto, porque lo considero un handicap en nuestra actividad con el que no contaba. Hoy veo más dificultades que ayer para defender la Libertad, pero pese a ello toca continuar en la trinchera.

Mañana será otro día. Salud y Libertad.

¿Otro 23 F? Cree el ladrón…

La vocación totalitaria de este gobierno y su escaso respeto a la democracia ya solo las niegan sus fieles más acérrimos. La manera que tiene Sánchez de mentir con absoluta desfachatez, sin que a sus feligreses parezca importarles lo más mínimo, ha sido ya incorporada al libro de estilo del gobierno, prueba de ello son los casos de Ábalos o Marlaska.

Como se trata de justificar lo injustificable Sánchez vuelve al viejo recurso que le ayudó a conquistar el poder y ahora utiliza para conservarlo, el miedo. Llegó el poder soplando las brasas del miedo a una inventada ultraderecha y ahora pretende mantenerse en él repitiendo jugada con un presunto golpe de estado. Y es que no hay nada como el miedo para doblegar voluntades, eliminar críticas y conseguir cierre de filas.

Quienes dieron el primer golpe de Estado contra la República en 1934 en Asturias, esto es, la izquierda, solo guardan en su memoria histórica la sublevación del 18 de julio de 1936, pero no tienen ningún empacho en celebrar como si se hubiera tratado de un alegre jolgorio lo que ellos llaman la revolución de Asturias que, no nos engañemos, fue un fallido y frustrado golpe de estado en el que se embarcaron cuando la derecha ganó limpiamente unas elecciones democráticas.

Algo parecido, pero con más recursos, que aquella alerta antifascista que se le quedó corta a Iglesias cuando a él no le gustó como votaron los andaluces. Y no digamos a Susana Díaz, esta reina destronada se permitió el lujo de asediar el parlamento andaluz durante la investidura de un presidente elegido democráticamente que ni siquiera había empezado a gobernar. ¿100 días de cortesía? Ni diez segundos.

La izquierda radical, que es la que manda ahora, siempre ha despreciado a la democracia liberal occidental etiquetándola de “democracia burguesa”, para ellos es más guay la de la República mal llamada Democrática Alemana, esa donde asesinaban a tiro limpio a quienes pretendían escapar del supuesto paraíso del proletariado cruzando alambradas, campos de minas y el muro de la vergüenza. Tanto la añoran que el inefable ministro de consumo Garzón muestra con orgullo en las redes la parafernalia de aquella, afortunadamente extinta, Alemania comunista.

Son golpistas por tradición y vocación. La revolución bolchevique de 1917 no fue contra los zares, sino contra un gobierno provisional democrático, contra la Duma, un parlamento cuyo único defecto era que los comunistas no tenían la mayoría, cosa que ellos resolvieron a punta de bayoneta.

Cree el ladrón que todos son de su condición, por eso agitan el espantajo de un presunto golpe de estado cuando si hay alguien comprometido con la democracia en este momento son la Monarquía, las fuerzas armadas y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Pero en el concepto absolutista de la izquierda, todo lo que no sea colaborar con sus nefastos planes para España es inadmisible.

La guardia civil, en su papel de policía judicial, investiga a fondo y sin servidumbres gubernamentales qué sucedió el 8 de marzo, pero la separación de poderes a la izquierda le chirría sobremanera porque ellos desean tener todo el poder, aquel que Iglesias decía que había que tomar al asalto.

No, señores, no. En nuestra democracia parlamentaria quien quita y pone gobiernos no son ni el Rey ni las fuerzas armadas, su papel es nada más, pero nada menos, que garantizar que no se rompa el orden constitucional y la unidad de España, pero ello no exime al pueblo español de su responsabilidad de ser quien decide qué gobierno hay en cada momento a través de unas elecciones libres y democráticas.

Claro, que para entender esto y no confundirse ni intentar confundir al pueblo español hay que tener unos principios y una credibilidad democrática de la que Sánchez e Iglesias carecen, en mi opinión.

Progres: de la clase obrera a la clase subvencionada

La izquierda se ha convertido en el mayor enemigo de los trabajadores. Si alguna vez realmente representó a la clase obrera aquello ya pasó, desde hace décadas en Occidente la izquierda representa, promueve y defiende a la clase subvencionada.

El capitalismo funciona. Genera riqueza que llega a la sociedad, los trabajadores no quedan al margen del desarrollo económico y así surgió lo que la izquierda siempre ha mirado con recelo porque escapaba de su control: la llamada clase media.

Como el trabajo asalariado generaba el bienestar suficiente entre los proletarios para que desdeñaran los discursos izquierdistas, los teóricos comunistas empezaron en paralelo a crear nuevos enfrentamientos: generacionales, de género, de raza, medioambientales… todo con tal de que su público continuase en el rebaño.

Pero volvamos al trabajo asalariado.

Pasaron a otra fase al ver que la condición de trabajador ya no bastaba para sus planes, de ahí el latiguillo progre de “eres más tonto que un obrero de derechas”, creado porque, precisamente, cada vez había más obreros de derechas.

Necesitaban tutelar suficiente clientela que sostuviese en el poder a sus jefes de partido, objetivo último progre como han dejado al desnudo con su propio ejemplo Sánchez o Iglesias. Puesto que no les valía abanderar a unos trabajadores que les ignoraban, la izquierda pasó a generar una clase subvencionada.

“No trabajes”, vienen a decir, “que el trabajo es esclavitud. No tengas ambición, que la ambición es capitalista y mala. Resígnate, vaguea, que el estado proveerá por ti, el estado dirigido por la izquierda, claro, que ya sabes que la derecha como te quiere explotar quiere darte un empleo y que te busques la vida tú solo”.

Y así, en medio de un complejo ecosistema de agravios generacionales, de género, raciales, etc… ahormando a su rebaño con los dogmas sectarios comunistas, llega el ingreso mínimo vital a España.

Protección social ya existe, y lo sabe usted porque en España hay un amplio abanico de ayudas: prestaciones por incapacidad laboral, prestaciones por desempleo, subsidio para parados de más de 52 años, subsidios para parados con cargas familiares, pensiones no contributivas, rentas mínimas de inserción… En el mundo libre, y gracias al bienestar económico generado por el capitalismo, muy pocas personas se quedan fuera, aunque ya sabe usted que en cualquier sociedad hay individuos excluidos por voluntad propia u otros factores.

¿Qué pretende pues este nuevo ingreso mínimo vital que ya no estuviese cubierto? ¿A quien se dirige? A falta de saber los detalles exactos con que lo apruebe el próximo Consejo de Ministros, todo indica que el único colectivo que aún quedaba fuera es precisamente quien no teniendo para no trabajar motivo real de salud, edad avanzada… no pone el mayor interés en encontrar un empleo o, directamente, no le da la gana trabajar.

He encabezado este artículo con una captura de pantalla de uno de esos trolls que, como el pez, mueren por la boca. No se paren en sus faltas de ortografía, fíjense en el concepto. Dice textualmente: “850.000 HOGARES con INGRESO MINIMO VITAL ¿haber donde encontrais esclavos ahora?.” Recuerden, para los progres un empleo es esclavitud.

Ahí está, llega el maná del estado socialcomunista para el marginal típico, para el nini encantado de seguirlo siendo, para el okupa sin oficio ni beneficio, para el perroflauta que deja pasar la vida preparando la revolución (lo que viene a ser estar todo el día diciendo tonterías sin dar un palo al agua). Porque, ¿para que van a trabajar si el estado les va a soltar puntualmente una paguita que con otros beneficios sociales añadidos les mantendrá ociosos y, en algunos casos, con más dinero que si estuviesen trabajando?

Mientras tanto, quienes crean riqueza y añaden valor en el sector privado, trabajadores, autónomos y empresarios, sostendrán con sus impuestos a toda esta cuadrilla de gandules antisistema cuyo único objetivo será votar a la mano que les da de comer, cada vez que sus jefes toquen llamada.

Incluso con la expropiación forzosa fiscal, habrá que ver si hay dinero suficiente para mantener a esta plebe. La economía se desequilibrará caóticamente por esta descomunal carga presupuestaria, al margen ya de lo injusto y asocial de la medida.

Y Calviño ¿qué dice de esto?

NOTA añadida posteriormente a la publicación del post: El señor Daniel Lacalle ha escrito un artículo documentado y especializado como buen economista de prestigio que es, que le recomiendo dado lo pedagógico que resulta. Aquí tienen el enlace https://www.elespanol.com/invertia/20200516/ingreso-minimo-vital-subvencion-obediencia-pueden-pagar/490330968_13.html